Cultura Pop

Volver al futuro

No me acuerdo la primera vez que vi Volver al Futuro. Seguramente fue algún domingo a la tarde en la que mis viejos la encontraron haciendo zapping, ya empezada, obvio, y la dejaron. Y yo estaba ahí y la vi. En esa época, la maravillosa década de los 90s, en casa había una sola tele, y yo ni sabía quién era Calvin Klein.

Puedo decir sin remordimiento que si estuviera ahí, en la máquina del tiempo, la usaría entre otras cosas con fines lucrativos. Seguro viajaría al pasado, no al futuro, al principio de siglo, a cuando mis abuelos eran chicos y de vuelta al presente pasaría por la primera década de los 2000 y me diría a mi misma “no combines rosa con marrón, ni te cortes el flequillo sola. Comprá dólares y Bitcoins”. Pero Spielberg nos dejó más que una dicotomía moral, nos dejaron un clásico de los 80s, y una de las películas con mejor product placement de la historia.

Todo empieza allá por el 85’, época de jeans claros y zapatillas blancas, pelo con mucho volumen, etc. A principio de los 60s se vendieron las primeras aspiradoras, la tele era blanco y negro, la música existía en discos de pasta, y para finales de la década el hombre ya había llegado a la luna. Y para los 80s ya existían el walkman y las computadoras personales. Entonces Deborah Lynn Scott y los otros diseñadores de la película tuvieron que pensar cómo iba a ser el mundo 20 años después.

Volver al futuro nos prometió comida hidratable, patinetas voladoras y autopistas en el cielo. Pero en defensa de Steven, si la pegó con algunas cosas; si es posible darle órdenes a un aparato para que cambie el canal, o la música, tener video llamadas, y hasta abrir la puerta con una huella digital, aunque todavía estoy esperando que salga Tiburón 19.

La tecnología y la moda son dos pilares claves de estas películas que se usan, claramente, para diferenciar las distintas épocas. En el 2015 Marty se hace pasar por su hijo sumándole a su jean claro y recto una campera de cuero auto-ajustable y zapatillas Nike que se atan sola. No solo eso, si no que con una peluca y un poco de maquillaje el mismo actor también hace de su hija (Michael J fox rompiendo roles de género desde 1989). En el pasado el mismo Marty se hace pasar por compañero de sus padres con un chaleco naranja que “parece un chaleco salvavidas” e incluso confunde a su madre con que su nombre es Calvin Klein que en realidad era la marca de su ropa interior. Los personajes usan, en el “futuro”, telas metálicas, holográficas y colores brillantes. el 2015 no fue hace tanto así que estoy relativamente segura de que no nos vestimos así, pero por supuesto la película buscaba darle un toque futurísta y tecnológico.

Lea Thompson hace de Lorraine McFly en tres instancias de su vida, en incluso en dos “realidades” paralelas. Por un lado, la tenemos como típica ama de casa de los 80s, con ropa cómoda y colores claros. En la otra realidad, en un departamento lleno de dorado, animal print y opulencia ochentosa, la vemos con un vestido de lentejuelas, pelo con permanente y mucho brillo. En su juventud, como típica adolecente de los 60s (o la versión que Hollywood nos hizo creer), la vemos con vestidos y faldas acampanadas, mocasines con medias, y el vestido strapless del baile que me encanta cada vez que veo la peli hace década, y en el futuro es la versión moderna de una abuela, que prepara la cena trayendo una pizza deshidratada. Con un par de cambios de look y mucho (mucho) maquillaje. La misma actriz, a sus veinti tantos, hace de adolecente y de mujer de mediana y de avanzada edad.

Entre las tres, la que más me gusta es la primera, pero elegí la secuela para esta nota por un par de detalles que me parecieron interesantes. Por empezar, la película pasa por su presente, futuro y pasado, mostrando tres décadas completamente distintas. También me encanta la flasheada tecnológica del 2015. Pero lo que más me llamó la atención cuando la volví a ver más de grande es que esa tecnología que tanto me divertía de chica tenía nombre y apellido. Las zapatillas y campera son Nike, la patineta voladora es Matel, el horno es Black and Decker y la pizza es Pizza Hut. Y por último, la peli también usa su vestuario para mostrarnos lo que se viene; el Doc pasa la mayor parte de la película (en todos sus momentos en el tiempo) con una camisa con estampa de trenes, vehículo que (spoiler alert) utiliza como máquina del tiempo en el último capítulo de la trilogía.

Hay películas que nos inspiran a cómo vestirnos, a cambiar nuestro look, a consumir música, autores o productos nuevos, pero Volver al Futuro fue más allá. En 2015, cuando todos estábamos más para usar las zapatillas blancas de pipa roja, y en honor a la película, Nike lanzó al mercado una edición especial de las zapatillas autoajustables que usa el protagonista de la peli, las Air Mag. Nike estuvo 10 años para desarrollar la zapatilla, cuya venta recaudó más de 5 millones para una fundación contra el Parkinson, enfermedad que sufre el actor protagonista de la trilogía. Universal Pictures, por su parte, lanzó el mismo mes en que el Doc y Marty hubieran llegado al “futuro” un trailer de Tiburón 19 en honor a la peli.

Hace dos años, cuando falleció Chuck Berry recuerdo habérselo mencionado a un compañero de trabajo y que me respondiera que no sabía quién era. Le mencioné la canción Johnny B Goode y tampoco entendió, hasta que le dije “la canción de Volver al Futuro” y ahí lo ubicó. En eso pensaba cuando empecé a escribir esta nota, que hay generaciones que más de chicos o de grandes vieron esta peli y conocieron marcas, acontecimientos históricos y música sin saber qué eran, ni si eran reales. Como dije antes, yo en ese entonces no sabía qué era Calvin Klein, y mi compañero no conocía a Chuck Berry, probablemente haya otros que no conocieran Pizza Hut, pero todos, todos, sabíamos lo que era un DeLorean.

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